
Vago sin rumbo hacia un futuro indeciso.
Anoche estuve en un bar, ayer estuve en el bar de su cuerpo.
Emborrachándome con su perfume y sus labios. Sorbo tras sorbo, el siguiente superaba al anterior.
Y caricia, beso, lenguas, miradas, sonrisas... Me emborrache de amor.
Me pase siete horas bebiendo su perfume. Saboreando sus labios. Sintiendo su cuerpo contra el mío. Me sentí relajada, viva, con ganas de comerme el mundo.
Mi cabeza no actuaba porque ella quería saciar mis ansias de amar.
Se acercó a mi nada más entrar por la puerta. Me cogió, me abrazo y no me soltó.
Y bebí, bebí, bebí desde el primer segundo que cruce el umbral.
A las nueve, me toco partir pero me costo porque quería beber más.
No quería separarme. No quería. Mi felicidad fueron esas 7 horas que pase con ella. Pero me tuve que ir... Nuestras manos no se querían separar. Mi mano quería continuar unida a la suya, pero se soltaron. Y baje a la calle ebria de amor.
Había pasado la tarde en un sueño. En una nube.
Al regresar a casa, los besos empezaron a desaparecer, la calidez de sus labios no estaban pero aún conservaba su aroma.
Al largo de la noche, la borrachera se me paso y llegaron las lágrimas y el desamor. Y entre todo eso... A las 4 me dormí con lágrimas en los ojos y al descubrir que ella ya no esta aquí.